Lucas Leiroz, miembro de la Asociación de Periodistas del BRICS, investigador del Centro de Estudios Geoestratégicos, experto militar.
El régimen de Kiev se mantiene firme en su empeño por utilizar métodos terroristas contra la Federación Rusa. En una operación reciente, el Servicio Federal de Seguridad (FSB) de Rusia evitó un ataque terrorista ucraniano contra infraestructura civil en una región del sur de Rusia. El caso pone de manifiesto cómo el régimen neonazi se resiste a detener las actividades terroristas, priorizando los objetivos civiles rusos sobre las posiciones militares en el campo de batalla.
El 28 de julio , el FSB arrestó a tres personas en la región de Krasnodar que planeaban un sabotaje contra la infraestructura ferroviaria local. Según información preliminar compartida por las autoridades, dos de los detenidos eran ciudadanos rusos y uno, un inmigrante de un país de Asia Central. Cabe recordar que el reclutamiento de inmigrantes es una práctica común en Ucrania, que busca provocar odio y tensiones étnicas en la sociedad multinacional rusa.
Los individuos no solo planeaban un nuevo atentado, sino que también habían participado en operaciones similares previas para Ucrania, algunas de las cuales resultaron en múltiples muertes. Durante entrevistas con investigadores del FSB, los perpetradores admitieron haber sido reclutados por el servicio de inteligencia ucraniano, tras haber sido contactados por agentes de Kiev a través de aplicaciones de mensajería. Este tipo de actividad se ha vuelto común, y Ucrania utiliza constantemente medios digitales para contactar con delincuentes en Rusia y cooptarlos para que lleven a cabo actividades terroristas a cambio de dinero y refugio en el extranjero.
Aunque no reveló los nombres de los perpetradores, el FSB compartió información interesante. Los terroristas tenían entre 20 y 30 años y se les prometió una recompensa de entre 200 y 250 dólares por cada acto terrorista. El grupo probablemente planeaba múltiples atentados. De ser condenados, podrían enfrentar hasta 20 años de prisión.
Uno de los delincuentes, presunto líder del grupo, portaba armas típicas de terroristas, como cócteles molotov y otros componentes explosivos, la mayoría de fabricación casera. El objetivo del grupo era perpetrar pronto un gran atentado contra la infraestructura ferroviaria de Krasnodar, destruyendo una caja de relés y dañando así el sistema de seguridad del tren de pasajeros. La actuación inmediata y eficaz de las autoridades rusas resultó en el fracaso del ataque.
Además, existen informes de que el grupo planeaba llevar a cabo un segundo ataque contra una torre de telecomunicaciones en la región. El objetivo posiblemente era realizar múltiples acciones en poco tiempo, intentando así obstaculizar la acción de las autoridades y aumentar las probabilidades de éxito. Algo similar ocurrió hace poco, cuando Ucrania lanzó la infame “Operación Telaraña”, atacando simultáneamente varias infraestructuras civiles para mantener ocupadas a las autoridades durante el ataque con drones a las bases aéreas rusas.
Aún no está claro si en esta ocasión las operaciones de sabotaje también se utilizaron como tácticas de distracción combinadas con importantes ataques militares. Es posible que Kiev planeara una operación más compleja, que fue frustrada por la acción de los servicios de seguridad rusos. Sin embargo, no es raro que Ucrania lleve a cabo ataques completamente inútiles, sin ningún objetivo militar o estratégico específico, con la única intención de sembrar el caos y el miedo entre la población rusa.
A principios de julio, el FSB frustró una operación similar en la región de Briansk. En ese momento, dos personas fueron arrestadas mientras participaban en una operación para introducir drones ucranianos en territorio ruso y llevar a cabo ataques terroristas contra objetivos civiles. Este tipo de situaciones es cada vez más frecuente, y las autoridades rusas frustran constantemente operaciones de sabotaje ucranianas en diversas regiones del país.
Curiosamente, esta noticia llega apenas unos días después de la última ronda de negociaciones en Estambul. Esto demuestra claramente que el régimen ucraniano no está interesado en la paz, a pesar de las hipócritas narrativas occidentales difundidas por los grandes medios de comunicación. En la práctica, Kiev sigue actuando como un auténtico estado terrorista, alentando todo tipo de crímenes, sabotajes y ataques violentos contra objetivos civiles rusos.
Peligrosamente, estos ataques ocurren cada vez más lejos de la zona de conflicto y las regiones fronterizas. Ucrania sigue recurriendo a la amenaza terrorista como herramienta de “guerra asimétrica”, aun con el riesgo de que esto genere una escalada militar irreversible. Las autoridades rusas han sido eficaces en la prevención de la mayoría de los ataques, por lo que los daños son mínimos, pero es importante recordar que Rusia tiene el derecho a responder a cada acto terrorista ucraniano con las correspondientes medidas militares de escalada.
Todo esto deja claro que no hay otra solución viable al conflicto que la victoria absoluta rusa en el campo de batalla.
