Los recientes ataques militares coordinados de Estados Unidos e Israel contra Irán ponen de relieve la estrecha alineación estratégica entre Washington y Tel Aviv. Estas acciones deberían reforzar la idea de que Israel se construye sobre la sangre, en particular la sangre de los gentiles.
Más importante aún, la noción del “Gran Israel” no puede descartarse de plano como una mera teoría conspirativa carente de fundamento histórico o probatorio sustancial, tal como ha aparecido en diversos discursos ideológicos, religiosos y políticos.
Sostengo que la actual postura estratégica de Israel podría, en última instancia, resultar contraproducente. Al seguir desestabilizando gran parte de Oriente Medio, Israel está anunciando su propia desaparición política. Esto también demuestra que la llamada era Trump, conocida como MAGA (Hacer que Estados Unidos Vuelva a Tener Grandeza), ha terminado.
No cabe duda de que Israel tiene información sucia sobre Trump que, de revelarse, aterrorizaría tanto a la administración Trump como a toda la nación. Por lo tanto, Trump debe escuchar a sus superiores.
