El Comité Central del PC, realizado este sábado, elaboró un informe de 15 páginas sobre lo que representa el triunfo de Kast y fija como estrategia el robustecer el “trabajo de masas” para enfrentar su administración. También define hitos de movilización, como el próximo 1 de mayo, y ajusta cuentas con Jeannette Jara y el Presidente Boric. Triunfo de Kast y eje pueblo-élite. “Este resultado no puede ser comprendido únicamente desde la lógica tradicional izquierda– derecha. En la política chilena se ha instalado con fuerza un clivaje pueblo–élite, que hoy domina el escenario político y el sentido común de amplios sectores populares. Este eje ha sido capitalizado con eficacia por candidaturas como las de Kast, Kaiser y Parisi, que —desde distintas posiciones ideológicas— han logrado presentarse como expresiones de una supuesta rebeldía contra las élites políticas, económicas y culturales”. Principal objetivo con Kast. “El principal desafío político del Partido Comunista de Chile en el momento histórico actual es impedir que la tendencia de derechización y autoritarismo que hoy se expresa electoralmente se proyecte en el tiempo. En concreto, se trata de evitar que un proyecto político que asume y profundiza los pilares ideológicos, económicos y culturales que sustentaron la dictadura cívico militar logre consolidarse como un nuevo régimen de largo plazo”. “Pueblo organizado y movilizado”. “Impedir la proyección de ese proyecto implica, al mismo tiempo, crear en el corto plazo —en el horizonte inmediato de los próximos cuatro años— todas las condiciones políticas, sociales y culturales para articular un pueblo organizado, movilizado y consciente de sus intereses. Un pueblo fuerte en los territorios, desde abajo, con unidad social real, con frentes sociales activos, sindicatos, organizaciones gremiales y comunitarias, capaz de expresar esa fuerza también en el plano electoral”. “Trabajo de masas sistemático”. “El Partido Comunista tiene historia, acumulado político, experiencia territorial y presencia social. Sin embargo, también existen urgencias, y una de las principales es abrir paso a un trabajo de masas sistemático y sostenido, teniendo como eje central a las y los trabajadores”. “Campo de disputa en el espesor de las masas”. “Quienes hoy representan a la derecha y han alcanzado una representación parlamentaria significativa no solo han contado con grandes recursos económicos y poder mediático; también han realizado un trabajo territorial persistente, desde abajo. Existe un campo de disputa abierto en el espesor de las masas, y ese es un dato central de la realidad que no podemos ignorar”. “Hitos de movilización”. “Será relevante impulsar hitos de movilización amplia y unitaria, como un 8 de marzo masivo, el 1 de mayo y otras, que exprese no solo la defensa de derechos específicos de la sociedad, sino también una respuesta democrática y social frente a tendencias autoritarias y regresivas”. “Disputa cultural de largo aliento”. “La experiencia acumulada en los últimos años en organización territorial y trabajo de masas debe ser evaluada críticamente y proyectada con mayor articulación, continuidad y capacidad de incidencia, ante un escenario que combina ajuste económico, control social y disputa cultural de largo aliento”. Movimientos sociales organizados. “Las grandes demandas ciudadanas —salud, seguridad, salarios, vivienda, dignidad—, la articulación social territorial y las propuestas construidas en diálogo con movimientos sociales organizados son claves para enfrentar el desafío estratégico que tenemos por delante. En este marco, el Partido Comunista hará todos los esfuerzos necesarios para construir la unidad social y política de las mayorías nacionales, sin exclusiones a priori de ningún sector social o político”. Funcionarios públicos: “La anunciada reducción de funciones burocráticas del Estado y el recorte del empleo público, presentada como una medida de “eficiencia”, tiene implicancias sociales y políticas significativas. No solo afecta directamente a miles de trabajadoras y trabajadores del sector público, sino que impacta en la calidad y continuidad de servicios esenciales como salud, educación, vivienda, seguridad y políticas sociales”. Crítica a Boric. “Tampoco contribuyó que fuese el Gobierno quien se atribuyera la tarea de emplazar y cuestionar las propuestas del candidato de derecha mejor aspectado, lo que se tradujo en una confrontación del candidato con el presidente y el gobierno, evitando así debatir de manera más directa con nuestra candidata y fortaleciendo el relato de la candidatura de continuidad”. Campaña de Jara. “En la primaria logramos contar con una estrategia de campaña que fue asumida e implementada, que tuvo como principal elemento apostar por un programa claro de transformaciones sociales, apostar por crecer en jóvenes, mujeres y sectores de bajos recursos, diferenciarse del gobierno en la profundidad de los cambios. En el marco de la primera vuelta, no se logró consolidar de manera nítida una estrategia de campaña por parte de la conducción del comando, lo que derivó en improvisaciones y un relato que no lograba tener la consistencia que demostramos en la primaria”. Ajuste de cuentas: “En nuestro caso, asumimos con absoluta conciencia la presión por ser el Partido de la candidata, lo que no disminuyó en absoluto nuestro despliegue, sin embargo, no podemos abstraernos de las declaraciones públicas del comando que cuestionaban cada pronunciamiento de nuestro Partido”. Crítica al comando. “Si bien, se buscó incidir en los espacios de resolución del comando, fue complejo concretarlo dado el permanente cuestionamiento sobre la “excesiva” presencia del PC en la campaña, el carácter ciudadano de la campaña, que terminó desdibujando el rol de los partidos, así como la propia autonomía que se le entregó a nuestra candidata, a lo que se suma el excesivo celo de los equipos de apoyo en el control de la agenda y actividades en las que se debía o no participar”. Lea a continuación el documento completo del último Comité Central del PC, realizado este sábado 20 de diciembre:

PorSaruman

Dic 27, 2025
INFORME AL X PLENO DEL COMITÉ CENTRALPARTIDO COMUNISTA DE CHILE
Compañeras y compañeros, realizamos esta reunión plenaria del Comité Central a solo seisdías de haber concluido una intensa y decisiva batalla político-electoral, tanto presidencialcomo parlamentaria, cuyos resultados marcarán el rumbo del país, al menos, durante lospróximos cuatro años.Saludamos con profundo reconocimiento y gratitud la disposición, compromiso y consecuenciade la compañera Jeannette Jara al asumir la responsabilidad histórica de representar a lasfuerzas de la izquierda y la centroizquierda en la elección presidencial de Chile. Su decisiónexpresó convicción política, vocación democrática y una genuina voluntad de poner losintereses del pueblo por sobre cualquier consideración personal, en un escenario complejo ydesafiante para el país.Extendemos este saludo a todas y todos los compañeros y compañeras que asumieroncandidaturas en este proceso electoral, quienes con esfuerzo, generosidad y compromisorecorrieron territorios, enfrentaron debates y sostuvieron propuestas al servicio de lasmayorías. Su trabajo fue fundamental para levantar ideas, defender derechos y mantener vivala esperanza de transformación social, aun en condiciones adversas.Corresponde ahora iniciar un debate profundo, riguroso y colectivo que nos permita extraertodas las conclusiones y enseñanzas necesarias, con la perspectiva de enriquecer y actualizarla política aprobada en nuestro XXVII Congreso Nacional. Este pleno debe dar inicio formal alproceso de evaluación y, al mismo tiempo, orientar el intercambio político con las distintasestructuras del Partido, de modo que en cada territorio
a partir de sus propias realidades ydatos concretos
 se logre identificar no solo los resultados cuantitativos, sino también loselementos cualitativos que explican el comportamiento político y social de nuestro pueblo. Eseconocimiento situado de la realidad es una responsabilidad insustituible de los distintosórganos de dirección.Fue necesario programar este pleno para hoy, considerando que nos encontramos ya hacia elcierre del año político. Postergar excesivamente este análisis podría abrir espacio a ladispersión, la especulación individual o a lecturas parciales que no contribuyen a unacomprensión colectiva y disciplinada del momento que vivimos.En el plano presidencial hemos sufrido una dura derrota. No solo por los porcentajes obtenidospor la candidatura del campo democrático y transformador, sino, fundamentalmente, porqueha triunfado una opción de ultraderecha. El resultado representa un hecho político de enormepreocupación: hasta hace no mucho tiempo habría sido impensable que una figura quereivindicó abiertamente la dictadura pudiera alcanzar la Presidencia de la República medianteelecciones democráticas, y más aún bajo un sistema de voto obligatorio, con una participaciónelectoral históricamente alta.
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Este resultado no puede ser comprendido únicamente desde la lógica tradicional izquierda
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derecha. En la política chilena se ha instalado con fuerza un
clivaje pueblo
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élite
, que hoydomina el escenario político y el sentido común de amplios sectores populares. Este eje hasido capitalizado con eficacia por candidaturas como las de Kast, Kaiser y Parisi, que
desdedistintas posiciones ideológicas
 han logrado presentarse como expresiones de una supuestarebeldía contra las élites políticas, económicas y culturales, aun cuando en los hechosrepresenten proyectos profundamente conservadores o funcionales al orden neoliberal.Este fenómeno interpela directamente a los partidos políticos tradicionales y, en particular, aaquellos que han optado por actuar sin coaliciones amplias, sin anclaje social suficiente o sinuna articulación sólida con las demandas populares.
La fragmentación del campo popular ydemocrático, la debilidad de proyectos colectivos y la ausencia de una narrativa común hanfacilitado que discursos antipolíticos y personalistas ocupen ese vacío, erosionando laconfianza en la organización política como herramienta de transformación.Debemos mirar de frente la realidad, asumir con responsabilidad esta derrota y evitar cualquierautoengaño. Solo desde una evaluación honesta, crítica y autocrítica podremos extraer lasconclusiones necesarias para fortalecer las luchas democráticas futuras y construir lascondiciones políticas y sociales que impidan que la ultraderecha se proyecte más allá de unperíodo, y que permitan reabrir un horizonte de transformaciones profundas al servicio delpueblo de Chile.
Situación internacional
La actualidad y el futuro de nuestro país son inseparables del cuadro dinámico, tenso yprofundamente contradictorio que atraviesa al mundo. El capitalismo neoliberal enfrenta hoyuna crisis estructural que ya no logra administrar por los mecanismos tradicionales, recurriendocrecientemente al militarismo, a la intervención abierta y a la imposición del pensamiento únicopara restaurar el conservadurismo, vulnerar el derecho internacional y aplicar sanciones ybloqueos unilaterales como forma de sortear sus propias debilidades.Esta ofensiva imperial estimula deliberadamente la incertidumbre y el desamparo social,buscando resignar a los pueblos a aceptar salidas autoritarias. La catástrofe social, ambientaly económica provocada por el neoliberalismo se escapa del control de sus propios gestores,quienes recurren a la fuerza como último recurso. Si bien estas fuerzas logran triunfoselectorales
como ocurrió recientemente en nuestro país
 ello está inseparablemente ligadoa una ofensiva política, mediática y cultural orientada a bloquear la emergencia de alternativaspopulares que cuestionen el modelo dominante.En este escenario, avanzar hacia una nueva sociedad exige construir una alternativa arraigadaen nuestra identidad latinoamericana, basada en pensamiento crítico propio y no en la copiamecánica de experiencias ajenas a nuestra realidad concreta.
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En este marco global, Chile adquiere una relevancia estratégica creciente. Nuestro país es elmayor productor mundial de cobre, posee las mayores reservas de litio y cuenta con un enormepotencial para el desarrollo del hidrógeno verde. Estos recursos, claves para la transiciónenergética, el desarrollo tecnológico y las industrias del futuro, sitúan a Chile en el centro delos intereses de las grandes potencias.Paralelamente, la creciente presencia de China como principal socio comercial de Chile y degran parte de la región, así como el surgimiento de nuevos polos de desarrollo fuera de lahegemonía estadounidense, contrastan con la crisis interna de Estados Unidos, la UniónEuropea y Japón. Mientras se debilita la influencia norteamericana en Asia y África,Washington reorienta su estrategia hacia un mayor control de América Latina, reivindicandode facto la doctrina Monroe y reforzando su política de intervención regional.Este reposicionamiento se expresa en acciones como el despliegue naval frente a Venezuela,el bloqueo económico, los ataques extrajudiciales y el intento de apropiación de recursosenergéticos bajo el pretexto del combate al narcotráfico.Vivimos, por tanto, un momento histórico intenso y profundamente contradictorio. Lahegemonía del capital financiero especulativo, prevista por Marx y profundizada tras la caídade los socialismos reales, comienza a debilitarse en sus pilares fundamentales: el imperialismonorteamericano, la OTAN y las corporaciones transnacionales. Frente a la crisis ambiental ycivilizatoria, estos poderes responden con mayor violencia, negando la paz, el diálogo y elderecho internacional. Persisten el genocidio contra el pueblo palestino y las agresiones enMedio Oriente, África y América Latina, mientras los discursos tradicionales sobre democraciay libertad han perdido toda credibilidad.En este contexto internacional y regional, resulta indispensable situar el análisis del resultadoelectoral presidencial en Chile. El auge de proyectos de ultraderecha en el mundo y en nuestrocontinente constituye un marco insoslayable. Los avances de fuerzas como el gobierno deGiorgia Meloni en Italia, el crecimiento de la ultraderecha en Alemania, la arremetida de VOXen España, la proscripción del Partido Comunista en Polonia o el caso de Hungría, expresanun giro político cada vez más visible. Bajo consignas de seguridad, control migratorio ycombate al crimen organizado, se expanden proyectos conservadores en lo valórico ycrecientemente desafectos de la democracia, desplazando el eje del debate desde lasuperación de las desigualdades hacia el miedo y el control social.En América, esta tendencia se manifiesta en experiencias como Bolsonaro en Brasil, Bukeleen El Salvador, la reelección de Trump en Estados Unidos y el gobierno de Javier Milei enArgentina. En todos estos casos, el malestar social generado por democracias debilitadas ymodelos económicos excluyentes es capitalizado por proyectos autoritarios que prometenorden, castigo y soluciones rápidas, aun a costa de derechos fundamentales.Chile no ha estado ajeno a esta dinámica. La alta concentración de los medios decomunicación en manos de sectores vinculados a la derecha ha contribuido a instalar un clima
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de alarma permanente, funcional a los discursos de la ultraderecha. Durante la segunda vuelta
presidencial, episodios como la supuesta “salida masiva” de migrantes por la frontera peruana
producto de una campaña de desinformación
 ejemplifican el uso del miedo y lamanipulación mediática como herramientas de disputa política.En síntesis, la elección presidencial no puede ser leída de manera aislada ni reducidaexclusivamente a factores internos de campaña. Se inscribe en un contexto global y regionalmarcado por el avance de la ultraderecha, la crisis del neoliberalismo, el desplazamiento deldebate político hacia la seguridad y el miedo, y el uso intensivo de dispositivos mediáticos yculturales para moldear la opinión pública. Situar la elección en este marco histórico y políticoes condición indispensable para comprender sus resultados y para extraer leccionesestratégicas de cara al período que se abre.
El proceso histórico
La comprensión del resultado electoral presidencial de 2025 exige situarlo en un proceso histórico de larga duración, marcado por transformaciones estructurales en la relación entreEstado, política y pueblo. Tras el golpe de Estado de 1973, el Partido Comunista de Chile enfrentó una política sistemática de persecución y exterminio. Pese a su rol decisivo en la luchacontra la dictadura y en impedir la perpetuación del régimen de Pinochet, fue deliberadamenteexcluido del pacto transicional de comienzos de los años noventa, bajo la presión delimperialismo norteamericano, que condiciona su respaldo a la transición a la marginación del Partido, del movimiento de trabajadores y de las masas populares.Desde ese período se nos calificó como un partido “peligroso”, acusado de dogmático y
antidemocrático. Resulta significativo constatar que, en un momento histórico distinto, resurgenhoy discursos similares desde sectores del sistema político nacional e internacional, orientadosa debilitar nuestra presencia y cuestionar nuestra vocación democrática y transformadora.Frente a ese escenario, desde comienzos de los años noventa, bajo la conducción de Gladys Marín, el Partido impulsó tempranamente una política para frenar la derechización del país,combinando lucha social, trabajo territorial y búsqueda de alianzas amplias, sin renunciar adenunciar los riesgos del apoliticismo, el individualismo y la mercantilización de la vida social. Este esfuerzo permitió romper la exclusión institucional, recuperar presencia parlamentariadesde 2009, construir una base municipal sólida y aportar decisivamente al movimientosindical, estudiantil, feminista, medioambiental y territorial. Estas acumulaciones sociales ypolíticas fueron expresión de una crisis estructural del modelo neoliberal que, aunquecontenida durante años, estalló con fuerza en octubre de 2019, un proceso que es necesarioconocer en profundidad para nuestro trabajo político y social.A este escenario se sumó un factor estructural decisivo: el retorno del voto obligatorio desde 2022, que incorporó cerca de cinco millones de personas al padrón electoral. Este “votante obligado” se inclinó mayoritariamente por opciones de derecha, con la excepción del rechazo a la segunda propuesta constitucional ultraliberal , donde el llamado al “en contra” logro 
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sintonizar con un electorado cansado del debate constitucional y profundamente desconfiadode la política institucional.Este electorado presenta rasgos comunes: capas medias y populares urbanas, endeudadas,temerosas de perder lo alcanzado, exigentes en seguridad, críticas de la burocracia estatal ycon una relación pragmática y volátil con la política. En buena medida, el respaldo obtenidopor Franco Parisi en la primera vuelta se explica por su capacidad de interpelar este universosocial. La despolitización del mundo popular, fenómeno estructural del neoliberalismoposdictadura, ya se había expresado anteriormente en altos niveles de abstención y voto nulo,y ahora se manifiesta de forma distinta bajo el voto obligatorio.Es en este marco histórico y social que se desarrolló la elección presidencial de 2025, laprimera con inscripción automática y voto obligatorio, alcanzando una participación superior al80% del padrón electoral. Con estos antecedentes, el Partido Comunista definió su estrategiaconforme a lo acordado en el Congreso Nacional de enero: construir la más amplia UnidadSocial y Política para enfrentar el avance de la ultraderecha y convocar a las mayoríasdesafectadas de la política.En coherencia con esta línea, el Partido impulsó una primaria amplia del sector y resolvió, porunanimidad, levantar una candidatura propia. En abril, el Comité Central proclamó a lacompañera Jeannette Jara, quien obtuvo un triunfo contundente con el 60% de los votos,alcanzando la mayor votación lograda por un comunista desde el retorno a la democracia. Esteresultado abrió un escenario inédito para el Partido, que por primera vez encabezó unacandidatura presidencial del conjunto de la coalición.Este hecho se inscribe en un proceso histórico de superación de la exclusión políticaposdictadura y en la consolidación de una bancada parlamentaria relevante. Paralelamente, elPartido asumió la responsabilidad de impulsar la unidad de las fuerzas democráticas,promoviendo una lista parlamentaria única
que no logró concretarse
 y articulando la lista
“Unidad por Chile”, clave para defender posiciones estratégicas, especialmente en el Senado.
 
El momento que vive Chile no es solo una coyuntura electoral adversa, sino la expresión deuna disputa de largo aliento por el sentido de la democracia, el rol del Estado y la relación entrepolítica y pueblo. La derechización actual no responde únicamente a un giro ideológico, sino auna búsqueda desesperada de respuestas frente a problemas reales de subsistencia.Comprender correctamente este ciclo histórico será determinante para reconstruir un horizontede transformación social y democrática para Chile.
Los desafíos para la política del Partido Comunista
El principal desafío político del Partido Comunista de Chile en el momento histórico actual esimpedir que la tendencia de derechización y autoritarismo que hoy se expresa electoralmentese proyecte en el tiempo. En concreto, se trata de evitar que un proyecto político que asume y
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profundiza los pilares ideológicos, económicos y culturales que sustentaron la dictadura cívico-militar logre consolidarse como un nuevo régimen de largo plazo.Este desafío no es solo coyuntural, sino profundamente estratégico y dialéctico. Impedir laproyección de ese proyecto implica, al mismo tiempo, crear en el corto plazo
en el horizonteinmediato de los próximos cuatro años
 todas las condiciones políticas, sociales y culturalespara articular un pueblo organizado, movilizado y consciente de sus intereses. Un pueblo fuerteen los territorios, desde abajo, con unidad social real, con frentes sociales activos, sindicatos,organizaciones gremiales y comunitarias, capaz de expresar esa fuerza también en el planoelectoral. No se trata de esperar los ciclos electorales para activar al pueblo, sino decomprender que la disputa electoral es una consecuencia
no la causa
 de la acumulaciónsocial y política.Este enfoque remite directamente a la contradicción central que atraviesa nuestra época: lacontradicción entre neoliberalismo y democracia.Desde esa perspectiva, la política del Partido Comunista no puede reducirse a la competenciainstitucional dentro de los márgenes del neoliberalismo, sino que debe orientarse a disputarese marco estructural, reconstruyendo sujetos sociales capaces de empujar unademocratización real de la sociedad. Por eso, cuando hablamos de interactuar con las masasy con la ciudadanía, ponemos en el centro a la ciudadanía real, aquella que ha votado comoha votado: por Kast, por Parisi, y también por nuestra candidatura, cuya votación tiene un altosignificado político en este contexto. No partimos de una lectura moral o ideológica del voto,sino de una comprensión material y social de sus causas.Existen bases para enfrentar estos desafíos. No actuamos desde cero. El Partido Comunistatiene historia, acumulado político, experiencia territorial y presencia social. Sin embargo,también existen urgencias, y una de las principales es abrir paso a un trabajo de masassistemático y sostenido, teniendo como eje central a las y los trabajadores.Quienes hoy representan a la derecha y han alcanzado una representación parlamentariasignificativa no solo han contado con grandes recursos económicos y poder mediático; tambiénhan realizado un trabajo territorial persistente, desde abajo. Existe un campo de disputa abiertoen el espesor de las masas, y ese es un dato central de la realidad que no podemos ignorar.Las grandes demandas ciudadanas
salud, seguridad, salarios, vivienda, dignidad
, laarticulación social territorial y las propuestas construidas en diálogo con movimientos socialesorganizados son claves para enfrentar el desafío estratégico que tenemos por delante. En estemarco, el Partido Comunista hará todos los esfuerzos necesarios para construir la unidadsocial y política de las mayorías nacionales, sin exclusiones a priori de ningún sector social opolítico.
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Evaluación de las elecciones parlamentarias
En este año de intensa disputa político-electoral e ideológica, junto a la candidaturapresidencial, el Partido Comunista enfrentó la elección parlamentaria de diputados ysenadores, en un escenario complejo marcado por tensiones internas del sector y una fuerteofensiva de la derecha. Tras los intercambios en el Comité Central y el proceso de negociación con el sector, el Partidopresentó inicialmente 23 candidaturas a diputados y 5 al Senado. En un primer momento, ochopartidos acordaron concurrir en una sola lista, sin embargo, dos de ellos se retiraron paraconformar un pacto propio, debilitando las proyecciones electorales y poniendo en riesgo laposibilidad de una mayoría parlamentaria. El Partido Comunista sostuvo permanentemente lanecesidad de una lista única para enfrentar a la derecha.Un segundo momento relevante fue la incorporación de la Democracia Cristiana al pactoparlamentario, tras su respaldo a la candidatura presidencial de la compañera Jeannette Jara.Un tercer factor fue la presión ejercida hacia el Partido para disminuir su número decandidaturas, dado que la candidatura presidencial provenía de nuestras filas. Conresponsabilidad política, el Partido redujo su presencia inicial, resguardando los principalesespacios de electividad ya definidos por el Comité Central y manteniendo candidaturas queaseguraran visibilidad nacional.Asimismo, listas de izquierda que respaldaron mayoritariamente la candidatura presidencial
como el Partido Popular, Igualdad y Solidaridad
 compitieron por fuera de la lista Unidad porChile en algunos distritos, lo que fragmentó el voto progresista. A ello se sumó la exclusión delcompañero Daniel Jadue de la competencia parlamentaria mediante una acción judicialimpulsada por la derecha y poderes fácticos, hecho ampliamente repudiado.Finalmente, la lista del Partido quedó conformada por 22 candidaturas a diputados en 16distritos y 5 candidaturas senatoriales. Orgánicamente, se conformó una dirección nacional decampaña encabezada por la presidencia del Partido, que articuló una estrategia centrada enla vinculación entre la campaña presidencial y parlamentaria, el levantamiento de demandassociales, la conducción regional de la campaña, una identidad clara del PC, el fortalecimientocomunicacional y el apoyo con análisis electoral y recursos limitados.El resultado fue políticamente relevante: se cumplió el objetivo de mantener la bancada en laCámara de Diputados, eligiendo 11 parlamentarios
6 reelectos y 5 nuevos
 y se aumentóla representación en el Senado con la elección de una senadora. En la actual correlación defuerzas, este resultado es clave para la defensa de derechos, la construcción de unidad y elfortalecimiento del Partido.En términos territoriales, los resultados muestran una combinación de consolidación enbastiones históricos, avances en distritos altamente competitivos y retrocesos significativos en
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zonas donde la fragmentación del voto progresista y el avance ultraconservador fuerondeterminantes.En el norte del país se enfrentó un escenario adverso, perdiendo electividad en Arica, Tarapacáy Antofagasta, así como en Atacama. En estas regiones se hace imprescindible una discusiónpolítica y orgánica de fondo para reconstruir influencia territorial.En contraste, la zona central mostró resultados positivos. En Coquimbo se mantuvieron dosdiputaciones; en Valparaíso se consolidó la presencia del Partido con elecciones en losdistritos 6 y 7, y con el triunfo senatorial de la compañera Karol Cariola como primera mayoríanacional. En la Región Metropolitana se obtuvieron resultados contundentes en varios distritos,con votaciones históricas y reelecciones significativas, aunque también con pérdidas quedeben ser analizadas en detalle, particularmente en distritos donde existían condiciones paradoblar.En las tres regiones continuas Coquimbo, Valparaíso y Metropolitana tenemos representaciónparlamentaria en todos excepto en el D-11 barrio alto.En la zona sur, el Partido no logró representación parlamentaria, perdiendo un escaño en eldistrito 20 y sin lograr elecciones en otros territorios, lo que obliga a una evaluación política yorgánica profunda frente al avance del PDG y los republicanos.En el plano senatorial, si bien no se lograron todas las elecciones, candidaturas como las delMaule y La Araucanía obtuvieron votaciones significativas que contribuyeron a frenar el avancede la derecha, evidencian potencial político y permitieron la elección de un representante másdel sector.En otros aspectos, se valora la instalación de propuestas programáticas relevantes
seguridad, salarios, salud, puertos, no a los abusos
 que sirven de base para el trabajolegislativo y la articulación con el movimiento social. La franja electoral parlamentaria y eltrabajo comunicacional tuvieron una evaluación positiva, aunque se hace necesario fortalecerpermanentemente esta área con mayores recursos.El ámbito financiero fue una de las mayores dificultades de la campaña, debido a menoresingresos del SERVEL, retrasos en créditos bancarios y arrastres financieros previos, lo queafectó el despliegue. Esto refuerza la necesidad de fortalecer estructuralmente el área definanzas del Partido.De la evaluación general deben desprenderse decisiones claras: fortalecer el trabajo políticode la bancada, mejorar la articulación entre parlamento, territorios y Partido, elevar la calidaddel funcionamiento de las bancadas y su relación con la dirección del Partido, resolverpendientes orgánicos dejados por la campaña y profundizar el trabajo de masas,especialmente en el mundo sindical.
 
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Resultados de las elecciones presidenciales
 
La segunda vuelta presidencial de 2025 se realizó bajo inscripción automática y votoobligatorio, alcanzando una participación superior al 80% del padrón, la más alta desde elretorno a la democracia. Este marco amplió significativamente el universo electoral y modificólos patrones tradicionales de participación y comportamiento de los votantes. JeannettJara obtuvo 5.218.444 votos, equivalentes al 42,0% del total nacional, constituyendola mayor votación histórica alcanzada por una militante comunista, representando a una amplia coalición de partidos de la izquierda y centro izquierda, “Unidad por Chile”. Territorialmente, la candidatura alcanzó mayoría solo en 36 comunas, concentradas principalmente en la RegiónMetropolitana, el norte del país, zonas extractivas, territorios insulares y comunas con rezagosocioeconómico histórico.
ANALISIS CAMPAÑA PRESIDENCIAL
Un elemento que fue hábilmente usado por las candidaturas de la derecha es la pertenenciaal gobierno de Jeannette como ex ministra, al hablar de la candidata de “continuidad”. En las franjas de todos los candidatos de derecha se asoció al Gobierno y sus déficits con nuestra candidata: “Boric es Jara, Jara es Boric”, frases que se difundieron como slogan de campaña y que lograron canalizar las críticas que la ciudadanía tenía contra el Gobierno, convirtiendo laelección presidencial en un seudo plebiscito contra la actual administración. A eso se suma elbajo apoyo que exhibía la administración Boric en las encuestas, con márgenes que semantenían, en promedio, alrededor del 30%. Para ganar la elección era imprescindible disputarel voto de estos votantes que querían cambios.Los candidatos de derecha, así como MEO y Parisi, se referían a Jeannette como la candidatade la continuidad, apropiándose ellos de la idea del cambio. En los datos de encuestas que serealizaron por el propio comando, los principales motivos para no votar por Jeannette Jaraeran: Ser la candidata de continuidad del gobierno, con un 57% y su militancia comunista, conun 54%.Pese a todos los esfuerzos, no logramos revertir esta percepción. En ello tampoco contribuyóque fuese el Gobierno quien se atribuyera la tarea de emplazar y cuestionar las propuestas delcandidato de derecha mejor aspectado, lo que se tradujo en una confrontación del candidatocon el presidente y el gobierno, evitando así debatir de manera más directa con nuestracandidata y fortaleciendo el relato de la candidatura de continuidad.Otro elemento imposible de soslayar fue la disputa permanente de la estrategia electoral. Enla primaria logramos contar con una estrategia de campaña que fue asumida e implementada,que tuvo como principal elemento apostar por un programa claro de transformaciones sociales,apostar por crecer en jóvenes, mujeres y sectores de bajos recursos, diferenciarse del gobiernoen la profundidad de los cambios.
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En el marco de la primera vuelta, no se logró consolidar de manera nítida una estrategia decampaña por parte de la conducción del comando, lo que derivó en improvisaciones y un relatoque no lograba tener la consistencia que demostramos en la primaria.Desde la conformación del comando en agosto, los datos advertían un escenario adverso parauna eventual segunda vuelta, lo que exigía una campaña audaz orientada a crecer desde laprimera. Pese a contar con una base de votantes fidelizada que permitía asumir mayoresriesgos, se optó por una estrategia defensiva y reactiva, sin un antagonismo claro, lo quedebilitó el posicionamiento de la candidatura.En consecuencia, la estrategia adoptada limitó la capacidad de ampliar la base electoral y dejóespacio a candidaturas de derecha y anti-política, tal como lo reflejaron los resultados deambas vueltas.Los déficits en el relato comunicacional reflejaban de manera nítida esta tensión. La campañacomenzó a perder sello, identidad y consistencia, llevando incluso a disminuir la adhesión anuestra candidatura. Pasamos de una primaria que había vuelto a revivir la esperanza dedisputar la elección presidencial, a una campaña de primera vuelta que no logró mantener estaesperanza viva y que incluso, puso bajo sospecha el atributo de credibilidad que nuestracandidatura había logrado consolidar.El despliegue territorial por regiones extremadamente desgastante para la candidata, le restóvisibilidad pública en la primera etapa de la campaña de primera vuelta. Un esfuerzo porencontrarse con los territorios, altamente desgastante y sin un efecto concreto en mayoradhesión electoral.La estrategia que se asumió de no confrontar a las candidaturas de derecha y especialmenteal candidato que pasaría a segunda vuelta, apostando por un tono más conciliador yconstructor de acuerdos, como los logrados para sacar adelante las 40 horas o la reformaprevisional, terminó transformándose en una camisa de fuerza. Hacer el giro en el marco de lasegunda vuelta, nos permitió develar las propuestas regresivas que tenía el candidato dederecha obligándolo a tener que asumir públicamente que no habrá retrocesos, pero tuvo comocosto y riesgo, relativizar la credibilidad de nuestra candidata, lo que fue altamente explotadopor la derecha.Contar con un comando donde gran parte de sus integrantes no tenían experiencia encampañas presidenciales, no permitió que se tomasen decisiones rápidas y efectivas paracorregir los déficits ni actuar con celeridad en una estrategia para llegar a los nuevos votantes,votante obligado o indeciso, lo que impidió que llegásemos con nuestro mensaje y contrarrestarla campaña de ser la candidatura oficialista, transformándonos en una real opción para ellos.
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Mientras la derecha instaló la necesidad de un “Gobierno de emergencia”, nosotros no logramos representar la posibilidad de cambio, quedamos con la narrativa de los atributos dela candidata, lo que no logró ser suficiente para la disputa de este votante.El rol de los Partidos y la relación de los partidos con el comando. En nuestro caso, asumimoscon absoluta conciencia la presión por ser el Partido de la candidata, lo que no disminuyó enabsoluto nuestro despliegue, sin embargo, no podemos abstraernos de las declaracionespúblicas del comando que cuestionaban cada pronunciamiento de nuestro Partido, a lo que sesumó la campaña digitada por medios de comunicación y la derecha de tensionarpermanentemente a la candidata con el Partido, apostando a la desafección de la candidatacon el partido y viceversa.Además, la militancia comunista de la candidata constituyó un segundo techo electoralrelevante. Las mediciones situaban ese límite entre el 44% y el 50%, reduciéndosedrásticamente entre los indecisos, lo que hacía imprescindible disputar tempranamente a eseelectorado. Sin embargo, la estrategia defensiva y el antagonismo tardío permitieron que lacandidatura fuera definida por sus adversarios a partir de su pertenencia al PC, en lugar deconstruir una identidad propia, desaprovechando la posibilidad de resignificar esa militanciacomo un atributo político positivo.Asimismo, el crecimiento en primera vuelta requería un programa audaz y comunicable,centrado en el costo de la vida y el castigo a los abusos. Aunque el ingreso vital se mantuvocomo propuesta ancla, faltaron iniciativas contundentes en materia antiabuso capaces deinterpelar al electorado antipolítico. Los estudios indican que la clave estaba en posicionar a lacandidata con capacidad de gestión en políticas públicas y antiabusos, comprometida con eluso del Estado para proteger a las mayorías frente a las élites, una línea que no logróconsolidarse durante la campaña.Como Partido, si bien somos absolutamente conscientes de que fuimos un soporte principalde la candidatura presidencial y reconocemos con orgullo el compromiso y la tarea realizada,también debemos ser claros en identificar el rol de cada uno en esta tarea histórica, partiendopor los miembros de este comité central.El rol de la conducción del comando, que no logró consolidar nuestra proyección electoral trasla primaria y la tarea política principal, que era no solo pasar a la segunda vuelta, sino impedirque la ultraderecha llegase al gobierno, fue otro problema más. Otro factor relevante fue la estrategia comunicacional. Mientras la derecha aprendió de lasestrategias digitales de sus aliados en el mundo, nosotros tuvimos una estrategia digital queno logró ser suficientemente efectiva para captar nuevos votantes. Una lección clara de esteproceso es que no podemos asumir desafíos de esta envergadura sin tomarnos en serio el usode las redes sociales y el aprendizaje de su uso en campañas electorales, para captar nuevos votantes.
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A estos factores, podemos sumar como parte del debate, otros tales como: Lo programático,representado en el giro que dimos en las propuestas de la primaria a la primera vuelta; laincapacidad que tuvimos de concretar la relación con los movimientos sociales yespecialmente el sindical, apostamos a una candidatura amplia, social y política, no obstante,ello no se reflejó pese al trabajo que desplegaron los dirigentes sindicales en sus asambleas yencuentros, llamando a votar por nuestra candidata; así como el despliegue desigual de lasfuerzas políticas, que será un factor a analizar pero no seremos nosotros los llamados a hacersu reflexión, entre otros elementos que puedan surgir de este debate colectivo.En esto, tampoco podemos obviar el rol de nuestros propios compañeros y compañeras,destinados al trabajo de campaña presidencial. Si bien, se buscó incidir en los espacios deresolución del comando, fue complejo concretarlo dado el permanente cuestionamiento sobre la “excesiva” presencia del PC en la campaña, el carácter ciudadano de la campaña, que terminó desdibujando el rol de los partidos, así como la propia autonomía que se le entregó anuestra candidata, a lo que se suma el excesivo celo de los equipos de apoyo en el control dela agenda y actividades en las que se debía o no participar.En un escenario como éste, los ajustes realizados para la segunda vuelta, si bien permitierondetener la caída de nuestra intención de voto, ya proyectaba Kast la sensación de unacandidatura consolidada y triunfante. No obstante, es necesario destacar que la llegada denuevos equipos, roles más activos de nuestros compañeros y el rol de Paulina Vodanovic,presidenta del PS, como jefa de campaña, fueron importantes y significativos para permitir quenuestra candidata, lograse obtener más de 5 millones de votos y un 42% de la votación.La segunda vuelta estuvo marcada por la dificultad de recuperar el tiempo perdido durante laprimera. El retraso en el cambio de conducción del comando redujo significativamente elmargen de acción, obligando a concentrar en pocas semanas la instalación de un antagonismoque no se había construido previamente. Esto tensionó la narrativa de la campaña y forzó a lacandidata a un giro confrontacional acelerado.Asimismo, uno de los desafíos clave fue disputar el electorado que en primera vuelta apoyó aFranco Parisi, un segmento despolitizado, pragmático y sensible a una agenda de bolsillo yantiabusos. Aunque este perfil fue identificado con mayor claridad en segunda vuelta, laagenda y el despliegue de la candidatura no siempre lograron alinearse de manera consistentecon las expectativas de ese electorado, limitando su capacidad de expansión.No pretendemos con esto relativizar el triunfo obtenido por el candidato de ultraderecha quelogró más de dos millones de votos que nosotros y 16 puntos de diferencia porcentual. Noestamos hablando hoy del mismo candidato que se presentó en su primera elección el 2017.Se trató de un candidato que no quiso hablar de sus propuestas ni defendió su programa, nimenos transparentar los valores que sostienen su rechazo a políticas públicas como el aborto, por ejemplo.
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 Junto con ello, resulta de alta relevancia para nuestros análisis, conocer e identificar en eldebate con los compañeros y compañeras, qué fue aquello que marcó la diferencia en las 36comunas donde ganó nuestra candidata. De ese análisis pueden surgir aprendizajesrelevantes para el trabajo a desarrollar, donde el desafío principal sigue siendo impedir que eltriunfo electoral de la ultraderecha consolide sus propuestas regresivas y se consagre comoun proyecto de largo aliento.
La tarea de ser oposición a la ultraderecha
Es necesaria una caracterización integral del futuro gobierno de Kast que incorpore, además,una evaluación crítica de su programa y de los efectos previsibles que este podría generar enel país en los planos económico, social, político e institucional.En el plano internacional y regional, el alineamiento activo del nuevo gobierno con los bloquesde derecha y ultraderecha
particularmente con Estados Unidos bajo la conducción de Trump,con gobiernos europeos conservadores y con Israel
 no es solo una definición diplomática,sino una orientación estratégica que condiciona su programa interno. Este alineamientorefuerza una lógica de subordinación a agendas geopolíticas externas, especialmente enmateria comercial, de seguridad y de recursos naturales, lo que podría traducirse en mayorapertura a sanciones, aranceles y mecanismos de presión internacional que afectan lasoberanía económica y la capacidad del país para definir políticas propias de desarrollo.Desde el punto de vista económico, el programa de Kast profundiza un modelo de acumulaciónrentista y extractivista que ha mostrado límites estructurales. La insistencia en reducir el rol delEstado, ampliar privatizaciones y debilitar la regulación pública apunta a una posible recesióneconómica para el país, por el efecto de la disminución en US$6.000 millones del gasto público.La anunciada reducción de funciones burocráticas del Estado y el recorte del empleo público, presentada como una medida de “eficiencia”, tiene implicancias sociales y políticas significativas. No solo afecta directamente a miles de trabajadoras y trabajadores del sectorpúblico, sino que impacta en la calidad y continuidad de servicios esenciales como salud,educación, vivienda, seguridad y políticas sociales. En un Estado que ya opera bajo una lógicasubsidiaria, esta contracción puede traducirse en vacíos de gestión, sobrecarga de municipiosy debilitamiento de capacidades técnicas clave, generando conflictos laborales tempranos ydeterioro de la legitimidad institucional.En el ámbito social, el programa del gobierno combina una reducción del gasto social con unénfasis en el control del orden público. Esta combinación tiende a desplazar el abordajeestructural de los problemas sociales
desigualdad, endeudamiento, precariedad laboral,acceso a derechos
 hacia respuestas centradas en la seguridad y el castigo. El riesgo esavanzar hacia una gestión del conflicto social basada en la contención represiva antes que enla resolución de las causas que lo originan, lo que históricamente ha demostrado ser ineficazy generador de mayor tensión social.
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En materia de control social y autoritarismo, existen señales preocupantes. El fortalecimientodel rol coercitivo del Estado, junto con un discurso que relativiza estándares de derechoshumanos, abre la posibilidad de un uso más intensivo de facultades policiales y militares encontextos de protesta social, conflicto territorial o crisis migratoria. La idea de que las FuerzasArmadas y de orden serían aliados incondicionales del proyecto gubernamental expresa unaconcepción instrumental de estas instituciones, que puede tensionar el equilibrio democráticoy la subordinación del poder militar al poder civil, especialmente si se normaliza su intervenciónen tareas de seguridad interna.El programa también presenta definiciones regresivas en materias de derechos humanos,medioambiente y pueblos originarios. En el caso del pueblo mapuche, el énfasis en solucionesde fuerza por sobre el diálogo político y el reconocimiento de derechos colectivos puedeprofundizar un conflicto histórico, con altos costos sociales y territoriales. En lomedioambiental, la subordinación de la regulación ambiental a la lógica del crecimientoeconómico inmediato amenaza con intensificar conflictos socioambientales, afectarcomunidades locales y comprometer recursos estratégicos a largo plazo.Un elemento que no es descartable es el avance de procesos de corrupción dentro del poderejecutivo, dada la historia reciente de casos de corrupción concentrados principalmente en losactores políticos y económicos de la derecha, que hoy entran con una coordinación aún mayoral gobierno.Una hipótesis que adquiere fuerza es que el gobierno podría transitar por fases diferenciadas:
una primera etapa de gestión concentrada en temas considerados “urgentes” por la ciudadanía, y una segunda fase de ofensiva cultural e institucional más profunda, orientada areconfigurar valores, normas y equilibrios democráticos. En ese escenario, el despliegueterritorial y comunicacional del gobierno de Kast, sumado a su capacidad de instalar marcosde sentido en torno a seguridad, orden y autoridad, puede tensionar aún más el espaciodemocrático y el ejercicio de derechos.Frente a este cuadro, resulta estratégico fortalecer la observación, el análisis y la capacidadde respuesta política y social. En particular, será relevante impulsar hitos de movilizaciónamplia y unitaria, como un 8 de marzo masivo, el 1 de mayo y otras, que exprese no solo ladefensa de derechos específicos de la sociedad, sino también una respuesta democrática ysocial frente a tendencias autoritarias y regresivas. La experiencia acumulada en los últimosaños en organización territorial y trabajo de masas debe ser evaluada críticamente yproyectada con mayor articulación, continuidad y capacidad de incidencia, ante un escenarioque combina ajuste económico, control social y disputa cultural de largo aliento.
Conclusiones
En primer lugar, el proceso electoral de 2025 confirma que Chile atraviesa un momentohistórico de alta complejidad, marcado por la convergencia de una crisis estructural del modeloneoliberal, un ciclo prolongado de desafección política y el avance de proyectos de ultraderecha que logran capitalizar el malestar social. La derrota presidencial no puede serleída como un hecho aislado ni exclusivamente atribuible a factores de campaña, sino como laexpresión de un ciclo político más amplio, en el que confluyen transformacionesinternacionales, cambios en el comportamiento electoral producto del voto obligatorio y unadisputa profunda por el sentido de la democracia, el rol del Estado y la relación entre política ypueblo. Comprender este escenario es una condición indispensable para evitar diagnósticossimplistas y para proyectar una estrategia política acorde a la magnitud del desafío.En segundo lugar, es una necesidad desarrollar un intenso trabajo unitario, proyectando laarticulación de los partidos y movimientos que participaron de las elecciones recientes, tanto aquellas que se coordinaron bajo “Unidad por Chile#, como aquellas que yendo por fuera entregaron su apoyo a la candidatura única en segunda vueltaFinalmente, el desafío central del período no es únicamente resistir un gobierno deultraderecha, sino disputar su proyección histórica. Ello exige una política de largo alientoorientada a la reconstrucción del tejido social, al fortalecimiento del trabajo de masas y a laconstrucción de una unidad social y política amplia, sin exclusiones a priori. El Partido estállamado a jugar un rol estratégico en esta etapa: convertir el acumulado electoral, territorial ypolítico en fuerza social organizada, capaz de disputar y abrir nuevamente un horizontedemocrático y de transformación para Chile.Santiago, 20 de diciembre de 202

Por Saruman