Las campañas de trauma coordinadas, los ataques biológicos y el control de los medios están alterando el pensamiento y el comportamiento en todo el mundo.

Esta es la segunda parte de una entrevista de tres partes, presentada por Liz Gunn. Matthew Pauly y yo examinamos el uso coordinado de la guerra psicológica, los agentes biológicos tóxicos y la manipulación mediática durante la COVID-19. El miedo, el aislamiento y la propaganda condicionaron a la población a la obediencia, mientras que las “vacunas” experimentales introdujeron proteínas de espiga que pueden afectar la función cerebral. Esta combinación de manipulación psicológica y daño físico apunta a un ataque deliberado contra la población mundial.

El miedo como arma de control

Los confinamientos y los constantes mensajes de miedo no fueron fallos políticos aleatorios, sino parte de una estrategia deliberada. Basándose en tácticas de guerra psicológica desarrolladas por las agencias de inteligencia en el siglo XX, las instituciones globales impusieron el aislamiento social y constantes amenazas existenciales. «Quédense en casa. Eviten a familiares y amigos. Vean las noticias». Estas instrucciones se reforzaron con recuentos diarios de muertes y ruedas de prensa teatrales, lo que sumió a la población en una dependencia inducida por el miedo. Esta forma de programación basada en el trauma pareció conducir a un síndrome de Estocolmo generalizado, en el que las víctimas se vincularon emocionalmente con sus captores políticos.
El papel de la “vacuna” y la patología de la proteína Spike

El papel de la “vacuna” y la patología de la proteína Spike

La campaña de la “vacuna” contra la COVID-19 introdujo una terapia génica con el potencial de causar graves daños. El Dr. Michael Nehls ha señalado que parte de este daño se debe a la alteración de la capacidad del cerebro para generar nuevas células, lo que interfiere con la memoria y la función cognitiva. Psicológicamente, esto puede provocar deterioro cognitivo, inestabilidad emocional y cambios de personalidad. Dado que las personas continúan produciendo proteínas de espiga mucho después de la inyección, el riesgo de disfunción neurológica a largo plazo es muy probable.

La conexión 5G y la ingeniería ambiental

Durante los confinamientos, se instalaron rápidamente torres 5G mientras la población permanecía confinada en sus casas. Este repentino despliegue generó preocupación debido a la capacidad del 5G para operar en frecuencias (como 60 GHz) que interfieren con la unión del oxígeno a la hemoglobina, lo que podría afectar la respiración. Al mismo tiempo, la exposición generalizada a nanopartículas de aluminio a través de aerosoles, alimentos e inyecciones introdujo materiales conductores en el cuerpo sin consentimiento ni supervisión.

Pauly explica que, una vez dentro, estas partículas tienden a acumularse en el cerebro, el corazón y la columna vertebral. Al exponerse a frecuencias 5G concentradas, esta interacción puede crear condiciones que imitan una enfermedad respiratoria.

Un sistema capturado y el camino a seguir

Lo que enfrentamos no es simplemente un fracaso de la gobernanza, sino el desmantelamiento coordinado de las instituciones democráticas. Los sistemas legislativo, médico y judicial ya no funcionan de forma independiente. En su lugar se alza un Estado propagandístico, financiado con deuda pública y mantenido mediante la censura, la coerción y el engaño.

El daño infligido no solo ha sido político, sino profundamente psicológico. Años de programación basada en el miedo, aislamiento social e intervenciones biológicas tóxicas han erosionado el pensamiento crítico, la memoria y la estabilidad emocional. El camino a seguir no surgirá de estas estructuras corruptas. Provendrá de individuos que se niegan a obedecer, comparten conocimientos reprimidos y se resisten a los sistemas que ya no les sirven.

 

Por Saruman