Ruinas del Templo de Vesta, Roma.

 

 

Un 24 de febrero, allá por el año 393 d.C., el infame emperador Teodosio I, luego de salir victorioso en la batalla de Frígido, decretaba el cierre del Templo de Vesta, en Roma, y la extinción del fuego sagrado, símbolo del hogar, el cual había ardido por siglos.

Tal acción fue sólo una, entre las muchas atrocidades de dicho emperador. Otra de ellas fue prohibir los Juegos Olímpicos (también en el 393 d.C.), interrumpiendo una tradición de más de 1000 años, de honor, valor y virtudes paganas y, con ello, enterrando en el olvido al noble propósito de la real y permanente superación personal y de la búsqueda de la excelencia (el ἀρετή areté griego).

Por la misma época, el obispo de Milán, Ambrosio (luego elevado a la categoría de «santo» y de «Padre de la Iglesia»), emprendió una campaña de demolición de los templos paganos de su zona.

Teodosio, también cerró miles de templos, destruyó incontables imágenes y profanó lugares sagrados de todo el Imperio. Así fue como las ancestrales tradiciones indoeuropeas, que pervivieron por miles de años, fueron destruidas en pocos meses. Fue el principio del fin para el Paganismo y el implacable comienzo de la tiranía de la cruz y del oscurantismo.

Esta atroz secuencia de eventos, se originó en el tristemente célebre «Edicto de Tesalónica«, promulgado por el mismo Teodosio el 27 de febrero del año 380 d.C. y que entre otras cosas, decía:

Cunctos populos, quos clementiae nostrae regit temperamentum, in tali volumus religione versari, quam divinum Petrum apostolum tradidisse Romanis religio usque ad nuc ab ipso insinuata declarat quamque pontificem Damasum sequi claret et Petrum Aleksandriae episcopum virum apostolicae sanctitatis, hoc est, ut secundum apostolicam disciplinam evangelicamque doctrinam patris et filii et spiritus sancti unam deitatem sub parili maiestate et sub pia trinitate credamus. Hanc legem sequentes Christianorum catholicorum nomen iubemus amplecti, reliquos vero dementes vesanosque iudicantes haeretici dogmatis infamiam sustinere «nec conciliabula eorum ecclesiarum nomen accipere», divina primum vindicta, post etiam motus nostri, quem ex caelesti arbitro sumpserimus, ultione plectendos.

Queremos que todos los pueblos que son gobernados por la administración de nuestra clemencia profesen la religión que el divino apóstol Pedro dio a los romanos, que hasta hoy se ha predicado como la predicó él mismo, y que es evidente que profesan el pontífice Dámaso y el obispo de Alejandría, Pedro, hombre de santidad apostólica. Esto es, según la doctrina apostólica y la doctrina evangélica creemos en la divinidad única del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo bajo el concepto de igual majestad y de la piadosa Trinidad. Ordenamos que tengan el nombre de cristianos católicos quienes sigan esta norma, mientras que a los demás los juzgamos dementes y locos sobre los que pesará la infamia de la herejía. Sus lugares de reunión no recibirán el nombre de iglesias y serán objeto, primero de la venganza divina, y después serán castigados por nuestra propia iniciativa que adoptaremos siguiendo la voluntad celestial.

Código Teodosiano 16.1.2

 

La edad oscura, así iniciada, duraría más de 1200 años y provocaría la extinción de la Ciencia y el saber antiguo. Gracias a ello, la Humanidad necesitó muchos siglos para volver al cauce del real conocimiento, de la Razón y el Humanismo.

Pero el infame Teodosio no se detuvo allí: Ese mismo año saqueó (como parte del plan de terminar con los cultos paganos) el Serapeum y el Museum de Alejandría, terminando con lo que quedaba de la famosa Biblioteca (la «menor», que se encontraba en el santuario del dios Serapis -Serapeum-, porque la mayor había sido ya destruida, por sucesivas olas de barbarie); profanó todos los objetos sagrados de los diversos cultos paganos de dicha ciudad, desacralizándolos mediante todo acto posible de burla e irrespeto, llevado a cabo por la turba enajenada, de los seguidores de la «única religión verdadera».

Pocas personas saben que en aquella cultura alejandrína, se gestaron descubrimientos e inventos que sólo aparecerían en el mundo casi 2000 años después: El gran astrónomo y matemático Eratóstenes, demostró que la Tierra era esférica y midió con precisión su circunferencia cerca del año 220 a.C. El célebre ingeniero Herón, durante el primer siglo d.C., inventó numerosos dispositivos hidráulicos y las primeras máquinas de vapor. En base a lo descubierto a través del análisis del «Mecanismo de Antikythera» (encontrado en los restos de un naufragio a comienzos del siglo XX en Creta), se sabe que hacia el año 80 a.C., los griegos tenían la capacidad de fabricar computadores mecánicos, que podían calcular con precisión la posición del Sol, la Luna y de algunos planetas, todo a un tiempo. ¡Estos son sólo tres ejemplos…! Tal como decía el célebre astrónomo Carl Sagan«Sin el oscurantismo cristiano, ahora estaríamos explorando la galaxia».

Teodosio también llevó a cabo su «labor» en Grecia, masacrando a 7000 paganos en Tesalónica, por negarse a doblar la rodilla frente a la cruz…

¿Es curioso, verdad? De seguro, todos los paganos modernos conocen que Nerón mató algunos cristianos en el circo romano, no exactamente en el «Coliseo« o «Anfiteatro Flavio», como muestran las películas filocristianas de Hollywood, porque éste se construyó después, bajo los reinados de los emperadores Vespasiano y Tito. Lo que muchos ignoran, es que Cornelio Tácito -el historiador romano- exageró los números, dado que (según los descubrimientos historiográficos y arqueológicos, disponibles en la actualidad) en ningún caso existían más de un puñado de cristianos en Roma (hacia el verano del año 64 d.C., cuando se produjo el famoso incendio de la ciudad). Como fuere, todos conocemos sobre los «mártires» cristianos, pero… ¿Cuántos de nosotros conocemos sobre aquellos otros 7000 mártires del Paganismo?

Sólo unos años después, en 415 d.C., una horda de fanáticos cristianos, saqueaba el último templo dedicado a la Madre Isis, en la isla de Philae, en Elefantina, Egipto, matando a sus piadosos sacerdotes… Un siglo después, en el 528 d.C., otro infame emperador (en este caso bizantino), conocido por la Historia como Justiniano, prohibió el culto de Isis y convirtió en iglesia copta al lugar, con el descarado agregado de usar los bajorrelieves de Isis y Harpócrates (Horus niño helenizado) para rendir culto a su Θεοτόκος / Theotokos = «Madre de Dios» («María y Jesús niño»).

La impudicia no tuvo límites, no era tanto el demostrar que «la verdad» estaba en una religión diferente, sino de destruir a todo lo que la había precedido, para borrar la memoria de los símbolos, cultos y mitos que hurtaron a otros credos, con el fin darle forma al propio.

Hypatia

 

Un año después, en el 416 d.C., de nuevo en Alejandría, durante la «cuaresma», otra horda de cristianos enajenados, comandados por un asesino fanático llamado «Pedro el Lector» y seguido por los parabolanos (Παράβολοι, Paráboloi = “soldados de Cristo”), una hermandad de rufianes fundamentalistas y misóginos, en nada diferentes a los talibanes de nuestros tiempos, a quienes Cirilo de Alejandría, el obispo de la ciudad había encomendado la tarea, interceptó el carruaje de Hipatia, la primera mujer científica de quien la Historia guardara memoria.

La chusma la arrastró por las calles, golpeándola y vejándola hasta llegar al Cesáreo, el templo erigido por Octavio Augusto tras su victoria sobre Marco Antonio y Cleopatra VII Filopator. Allí, fue desnudada y torturada hasta la muerte con piedras y palos. Luego su cuerpo fue destazado con conchas marinas (dado que los parábolois no querían «ensuciar» sus dagas con sangre pagana). Los pocos y tristes restos de su cuerpo, fueron paseados por toda la ciudad, mientras la horda enardecida, chillaba triunfante.

Finalmente, llevaron lo que quedaba de su cadáver a un lugar llamado Cinareo (un crematorio), donde fueron quemados sus restos, con el fin de negarle una sepultura digna. Tiempo después, el Cesáreo fue convertido en una catedral y el infame obispo de Alejandría, Cirilo, elevado a la categoría de «santo» y «Padre de la Iglesia».

¿Cuál había sido el «crimen» de la gran Hipatia? Sencillamente, ser mujer, científica y pagana, todo a un tiempo… Pero aun más, el no haber doblado la rodilla frente a la Cruz, ni negado a su ciencia, a sus dioses y a sus convicciones… Su valentía y consecuencia, brillan a lo largo de las eras, a pesar de que sus enemigos quisieron borrarla de la Historia.

¡Así fue como comenzó la barbarie…!

Sin embargo, la oscuridad sólo iniciaba… Los siglos pasaron y los reyes títeres, primero de Roma y luego del papado, comenzaron a convertir a la fuerza a las naciones paganas. Carlomagno masacró a miles y miles de sajones, por no aceptar la cruz.

Siglos después, caería la religión del norte, y el sagrado Árbol de Thor fue cortado y quemado, mientras un infame bastardo, vestido con ropajes de clérigo, profería: «¡… y a dónde está vuestro dios ahora…!»

Pasaron más siglos y los europeos cristianos se expandieron por el mundo… En 1521, Hernán Cortés destruía la magnificente civilización Azteca y décadas después un oscuro y mediocre cura, llamado Diego de Landa, frustrado por la fidelidad de los mayas a sus dioses, llevaba a cabo el más atroz «auto de fe» de la historia, quemando miles de códices y reduciendo al olvido a una cultura que superaba en conocimiento científico a la Europa del Medioevo. Hoy sólo quedan cuatro códices mayas (sólo cuatro, de los miles que existieron), es todo lo que podemos leer de ellos…

Luego de un siglo de conquista y rapiña, 90 millones de nativos de las Américas habían muerto, por enfermedades, por la espada conquistadora (siempre precedida de la cruz y sus esbirros) y por el hambre. Fue el genocidio más grande de la Historia de la Humanidad. Todavía hoy, deambulan por el mundo algunos infames «misioneros», cargando sus biblias, tratando de cristianizar a los pocos y orgullosos pueblos aborígenes que conservan sus tradiciones y el culto a sus dioses.

Agreguemos a esto las cruzadas, la Inquisición, la quema de brujas y la lucha mortal de la Iglesia en contra de la Ciencia y el saber humano; la discriminación de la mujer, la destrucción sistemática del mundo natural, entre otras muchas atrocidades…

¡Debemos tener un día para recordar todo esto!

Hoy somos libres para pensar, para creer y sentir, para reconstruir el pasado espiritual de la Humanidad. Para retomar la mística, la religión y la espiritualidad natural, libre de dogmas y tabúes, cual es el Paganismo… No fundado por ningún santón o mesías autoproclamado, sino surgido del saber popular, del conocimiento de la Madre Tierra y de miles y miles de años de sabiduría acumulada. ¡Hoy somos libres para redescubrir nuestras tradiciones!

Honremos a los grandes paganos de la Historia, a nuestros mártires, a los ancestros que murieron cruelmente para que nuestro legado permaneciera a pesar de todo…

¡Memoria, gloria y honor para la gran Hipatia de Alejandría, para los sacerdotes de Isis y de todos los templos destruidos y saqueados!

¡Memoria, gloria y honor para el emperador Juliano (Flavius Claudius Iulianus), llamado «el apóstata» por sus enemigos, que trató hasta su muerte de volver al cauce de sus ancestros!

¡Memoria, gloria y honor a los 7000 paganos de Tesalónica, asesinados por Teodosio «el grande» y a los miles y miles que murieron bajo el signo de la cruz en los siglos que siguieron!

¡Memoria, gloria y honor a cada uno de los que ardieron en la hoguera de la inquisición, aunque no fueran paganos (ya no los había), porque murieron por sus ideas bajo el mismo infame signo, como el librepensador científico y filósofo hermético, Giordano Bruno!

¡Repudio eterno para las lacras humanas, malditas por los dioses, como Constantino, Teodosio, Justiniano, Cirilo de Alejandría, Eusebio de Cesarea (el máximo adulterador de la historia antigua); como Carlomagno, Torquemada, Diego de Landa y otros muchos…!

Hermanos y hermanaspaganos y heathens, de todas las tradiciones, de la «mano derecha» y «de la izquierda»tengamos un día para recordar a todos aquellos que lucharon y murieron por el legado ancestral. Seamos fieles a nuestras raíces, recordemos lo que somos, con orgullo y lealtad a los dioses y a sus antiguos seguidores.

El Paganismo vive de nuevo… ¡Ha renacido! ¡¡Honrémoslo!! Llevemos a la vista, con orgullo y honor a nuestros ankhs, mjöllnirs, triquetas, pentáculos o el símbolo que corresponda a cada tradición…

¡El Paganismo ha regresado y está aquí para quedarse! ¡Nunca más sucumbirá ante las fuerzas de la maldad, la ignorancia, el fanatismo y la sinrazón!

¡Somos paganos! ¡Qué el mundo lo sepa! La cruz, o la media luna (hoy usada por talibanes y yihadistas para oprimir a paganos, ateos y otros disidentes), jamás volverán a prevalecer sobre nosotros o nuestros dioses y sagrados valores… Pero para garantizarlo, debemos hacer algo: ¡Nunca olvidar el pasado! Porque cuando la historia se olvida, de manera inexorable, vuelve a repetirse…

Celebremos solemnemente, con honor, respeto y devoción, a nuestros ancestros caídos, y volvamos a gritar bien alto: ¡SOMOS PAGANOS!

¡Hagámoslo y recordemos el pasado, para qué el fuego de Vesta, no se vuelva a apagar nunca jamás!

¡Salve todos los dioses! ¡Hail all the gods! ¡Ave omnes deos!

Oscar Carlos Cortelezzi

 

By neo