Xavier Villar

Según el testimonio del comandante provincial del Cuerpo de Guardianes de la Revolución Islámica (CGRI), Yadolá Buali, un terrorista afiliado al grupo terrorista Daesh entró al recinto sagrado y abrió fuego contra los fieles presentes, causando la muerte de 2 personas y dejando a otras 8 heridas de gravedad.

El propósito de este artículo es realizar un breve análisis del ISIS desde una perspectiva discursiva, con el fin de arrojar luz sobre los principios que dirigen la actividad del grupo takfirí. Takfiri es un término en árabe que se utiliza para describir a individuos o grupos extremistas dentro del Islam que declaran a otros musulmanes como kafir (infieles) debido a diferencias en creencias o prácticas religiosas.

De manera general, es importante destacar que Daesh no representa la culminación del proyecto islamista, sino más bien todo lo contrario. El islamismo se define como un movimiento que busca establecer un orden político-social basado en los principios del Islam. Asimismo, la presencia de un gran poder islámico que funcione como centro político para los musulmanes ofrece la posibilidad de una acción autónoma y alejada de cualquier victimización propia. Este ente islámico garantiza que los musulmanes puedan actuar como agentes conscientes y, al mismo tiempo, facilita la instauración de un gobierno justo, inclusivo, competente y participativo.

En otras palabras, el proyecto islamista permite superar las divisiones nacionales, étnicas y sectarias. Es, por lo tanto, opuesto al proyecto promovido por Daesh. En este sentido, se puede argumentar que el pretendido carácter transnacional del grupo takfirí es simplemente una estrategia militar basada en una visión excluyente, que en realidad busca obstaculizar cualquier esfuerzo por trascender las divisiones nacionales y sectarias.

Desde una perspectiva discursiva y poniendo el foco en la noción de islamismo, resulta difícil categorizar al grupo como un «grupo islamista». Esto se aclara, por ejemplo, al examinar la ambición territorial de Daesh en Irak y Siria, así como su identidad exclusiva basada en la perspectiva suní del Islam como la única forma legítima. Además, el uso de la violencia para alcanzar sus objetivos resalta las conexiones entre Daesh y la modernidad colonial occidental.

La aparente creación de un califato en Siria e Irak tiene más similitudes con la historia violenta que rodea el surgimiento de las naciones-estado occidentales que con la estructura política tradicional de un califato.

Además, la propia concepción de un “estado islámico” se refiere a un estado que es inclusivo y representativo de todos los musulmanes, lo que implica que no puede definirse en términos nacionales o sectarios. Esto se contrapone completamente a la visión homogeneizadora de Daesh, en la que solo una fracción de la comunidad islámica es considerada. En otras palabras, el grupo es claramente contrario a la idea de un estado ummático, ya que no puede representar políticamente a toda la comunidad.

Esta tendencia a la homogeneización dentro de Daesh se asemeja más a la noción de un estado-nación occidental que a un auténtico hogar político musulmán. Por otro lado, esto contrasta con el enfoque del islamismo del Imam Jomeini, que buscó acercar la escuela suní y la chií en lo que los expertos denominan la «visión post-mazhabi» —mazhab o madhhab se refiere a las escuelas jurídicas en árabe—.

Esta búsqueda de la unidad islámica es vital para entender ls función de la República Islámica como hogar político de todos los musulmanes, una especie de gran poder capaz de defender a toda la comunidad islámica de los ataques de Occidente.

El proyecto de formación estatal de Daesh en partes de Siria e Irak, con el objetivo de construir una nueva sociedad desde cero, era un enfoque modernista al servicio de objetivos políticos y económicos con una base epistemológica occidental. Al establecer su autoproclamado califato, el Daesh utilizó la misma lógica violenta y racista eurocéntrica que se usó para establecer los estados-nación modernos. En consecuencia, el grupo imitó los sistemas de dominación y opresión occidentales dentro del territorio de Siria e Irak. Su ambición proclamada de alcanzar la dominación global mediante la expansión de su autodenominado califato a todos los rincones del mundo también pone de manifiesto una inclinación imperialista que comparte características familiares con el sistema hegemónico de la modernidad/colonialidad occidental.

El empleo de la violencia y el terror por parte de Daesh en su intento por lograr sus objetivos pone de manifiesto su encarnación de los aspectos más oscuros de la epistemología occidental.

En resumen, se puede concluir que el grupo takfirí no es una manifestación del islamismo, sino que sus raíces ideológicas se encuentran arraigadas en la violencia inherente al proyecto occidental.