EL «HOLOCAUSTO» INEVITABLE.

No hay sionismo sin judaísmo; y, obviamente, tampoco judaísmo sin «judíos». Pero el judaísmo fue desde el principio una ideología criminal y los «sionistas del futuro» ya tenían escrito en la Biblia —léase el Libro de Josué, por ejemplo— lo que pretendían conseguir y cómo muchos siglos antes de los horrendos hechos de Gazade ahí la persecución nazitildada de irracional pero que ahora empieza a resultar más inteligible. Atacar el Estado de Israel, derrocar a la oligarquía financiera judía —¿»el fascismo»?— forma parte de un destino cuya única alternativa es la aniquilación de la humanidad toda.

EL DEBER MORAL Y POLÍTICO DE DESTRUIR EL ESTADO DE ISRAEL

Los gobernantes actuales se encuentran, en efecto, en una situación que guarda no pocas analogías con la de Adolf Hitler: deben

  • atacar militarmente (a ellos, a sus aliados, a sus cómplices)
  • consentir el genocidio de los gentiles («anatema» en la jerga bíblica de la Torah).

Porque el Estado de Israel, ese cáncer de la humanidad fruto envenenado del judaísmo, no se dejará erradicar sin que ello afecte masivamente a su propia población civil; tenemos, pues:

  • u «holocausto»
  • o exterminio del pueblo palestino.

Ciertamente, no se puede asimilar el judaísmo a «los judíos». ¿Cuántos judíos detestan el genocidio palestino? ¿Cuántos judíos étnicos, como Gilad Atzmon, han abdicado de su judaísmo? Perpetrar un genocidio, el de «los judíos», para impedir otro, el de los gazatíes, resulta lógica y moralmente insostenible. Pero no podemos olvidar tampoco que millones de judíos israelíes están implicados —por acción u omisión— en el genocidio de Gaza; todo ello, por si fuera poco, con la cooperación necesaria (financiera, ideológica, cultural…) de millones de judíos de la Diáspora —y, singularmente, de la oligarquía financiera judía «estacionada» en los EEUU.

Los genocidas, pues, están entre nosotros.Dashboard

Colaboran con Israel (sayanim).

¿Hay alguna forma de saber aquí quién es quién? ¿Qué hicieron los norteamericanos con los ciudadanos estadounidenses de procedencia japonesa durante la Segunda Guerra Mundial? Búsquelo en internet.

Perorar sobre derechos humanos para sentirse «bueno» mientras los judíos israelíes siguen exterminando palestinos es pura hipocresía (en que los occidentales somos expertos comediantes); actitud cobarde de la que se burlan, con razón, estos eternos cínicos que son los sionistas.

La cuestión es ya, ahora, determinar el verdadero significado del judaísmo, el concepto de «pueblo elegido», y su incompatibilidad con cualquier forma de convivencia humana, social o internacional, algo que va mucho más allá del Estado de Israel y que concierne tanto a las comunidades judías de la Diáspora cuanto a la oligarquía financiera judeo-estadounidense que teledirige la matanza desde sus zonas residenciales protegidas a miles de kilómetros de distancia.

Larry Fink, el judío dueño de BlackRock, un fondo de inversión cuya riqueza suma los PIBs de países Alemania, Italia y Francia juntos. El verdadero gobierno de los EEUU y, por tanto, cooperador necesario en el genocidio de Gaza. ¿Tengo que explicar aquí cuál es su responsabilidad y las consecuencias que se derivan de la misma?

Pero la doctrina de los derechos humanos, es decir, de las alharacas y llantos por Gaza «en nombre de» la democracia, el humanitarismo y el pacifismo, bla, bla, bla, mantiene nuestras manos atadas. No hay nada que podamos hacer con semejante fraude excepto recordar que, «en su nombre», se perpetran cuando conviene «genocidios humanitarios» —sí, han leído bien— basados en puras invenciones sionistas como las «armas de destrucción masiva» de Sadam Hussein. Y siempre, siempre, siempre… en beneficio del Estado de Israel (Iraq, Líbano, Siria, Libia…).

Ahí nunca hubo problema en bloquear, atacar, masacrar, exterminar a cientos de miles de niños iraquíes porque «valió la pena» (la judía antifascista Madeleine Albright).

Hay que escupirle en la cara a la doctrina de los derechos humanos, el «humanitarismo» y la «democracia» (liberal, por supuesto) si queremos hacer algo real por los palestinos y por el resto de los pueblos del mundo, como Argentina, a los que la oligarquía financiera judía amenaza con la esclavización o el exterminio. (Vale la pena apuntar aquí, en passant, que los siguientes después de los argentinos somos los españoles por aquéllo de 1492.)

Es a dichas élites parasitarias a las que hay que empezar por derrocar —y en eso consiste la revolución socialista hoy— si queremos detener el genocidio de Gaza, el cual —con su revelador «doble» argentino—, a pesar de lo que creen algunos despistados, no es un crimen contra los moros, sino contra los no-judíos y, en definitiva, contra las Naciones (que eso significa «gentiles» para el judaísmo) del mundo entero.

Insisto en este punto: los sionistas no están exterminando «palestinos», sino gentiles; si en vez de árabes hubiera suecos en Gaza, la situación sería la misma o peor. Gaza es un desafío a todas las Naciones del mundo, sin excepciónPor este motivo, el derrocamiento de la oligarquía financiera judía y la destrucción del Estado de Israel, que la hasbara denominará sin duda «holocausto», se convierte en un deber ineludible.

¿Qué dice el derecho natural sobre el tiranicidio?

El tiranicidio es una palabra que significa darle muerte al tirano, es decir, al gobernante o dirigente que ha dejado su rol de líder y protector de sus gobernados y que se ha convertido en déspota o criminal. Es un término que viene de la Antigua Grecia.

Fuente: https://es.wikipedia.org/wiki/Tiranicidio (Wikipedia, «tiranicidio», consultado el 9-9-2025).

¿Pero qué ocurre cuando el tirano es una oligarquía étnica y qué diferencia existe entonces con los conceptos de tiranicidio y genocidio?

ISRAEL ES JUDÍO, NO NAZI. La campaña de hasbara @PabloIglesias @inafinogenova @paragonperez @arilijalad @robdnavarro izquierdista, marxista y progre consistente en propalar el bulo de que el sionismo es fascismo y no tiene nada que ver con el judaísmo. https://t.co/9CT25cHcZC La… pic.twitter.com/PBEQJsXmmg

— Jaume Farrerons (@JaumeFarrerons) May 27, 2025

¿TERCERA GUERRA MUNDIAL O REVOLUCIÓN SOCIALISTA Y NACIONAL?

El ataque a Israel por parte de potencias como China, Rusia (una Rusia liberada, naturalmente, del sionista alevoso Vladimir Putin) o de una Europa decente, algo impensable en estos momentos («Europa» y «decente» forman actualmente un oxímoron), se traduciría en una guerra mundial con dos bandos:

  • Israel, EEUU, Reino Unido (liberal-sionismo), por un lado
  • y «el mundo», la humanidad, las Naciones (nacional-socialismo), por otro.

El motivo es que la oligarquía financiera judía controla la política de los EEUU, primera potencia militar mundial. Así que el ataque «humanitario» a Israel tendría que ir necesariamente precedido por el derrocamiento de la oligarquía financiera judía y del gobierno judío en la sombra (BlackRock, Vanguard, etc) a fin de conseguir, como mínimo, la neutralidad estadounidense. Casi tanto como decir: precedido por una guerra civil en los EEUU. En efecto, el pueblo americano, que camina a pasos agigantados hacia la esclavización y el exterminio por parte de los oligarcas judíos y sus cómplices sionistas cristianos, constituye el único factor causal potencial capaz de derrocar a la oligarquía. El obstáculo principal para que eso ocurra es la cultura bíblica, cristiana, que impregna la sociedad norteamericana desde su fundación. Esa victoria cultural judía (aculturación como soft power) que fuera, en su día, la cristianización de los pueblos blancos, léase: un judaísmo para gentilesrepresenta el requisito y la condición de posibilidad del gobierno judío en la sombra. Para neutralizarlo sería menester una reversión, una revolución cultural «pagana» que afectara al pueblo estadounidense.

De ahí que la oligarquía financiera judía se haya apresurado a cristianizar cualquier conato de nacional-socialismo en los EEUU, convirtiendo el nacional-socialismo estadounidense en un esperpento cuya sustancia doctrinal —descabellada— es la Biblia: «los arios» como New Israel, el nuevo «pueblo elegido» e incluso «los verdaderos judíos». Estas fórmulas grotescas, y todo lo que las acompaña en cuanto a las formas de proceder violentas y hasta terroristas, está siendo exportado a Europa, vía «nueva ultraderecha sionista», después de asfixiar por décadas cualquier alternativa nacionalista seria en su país de procedencia.

En consecuencia, desenmascarar el judeo-cristianismo, poner en evidencia su función histórica como fundamento cultural de la globalización liberal y de la descomposición de las comunidades nacionales gentiles, se convierte en un acto político revolucionario. Quien pretenda que nacionalismo blanco y cristianismo deben ir siempre juntos —no se sabe el porqué— o siquiera que la creencia religiosa debe mantenerse al margen de la política por una cuestión de principio, es un colaboracionista consciente o inconsciente de la oligarquía y, por tanto, del genocidio de los gentilesnuestro genocidio. Y debe ser tratado —políticamente— en feroz consecuencia.

ESTRATEGIA Y TÁCTICA

No puedo concluir este artículo sin referirme a los métodos que habrán de ser empleados en la la disidencia y la resistencia políticas contra la oligarquía. Debe quedar descartado, en primer lugar, y no por cuestiones legales de forma en relación con el presente texto, sino como contenido doctrinal, el terrorismo.

Las cuatro vías posibles de lucha, de las cuales tres han de ser desestimadas, son las siguientes:

  1. terrorismo
  2. discurso humanitario y de derechos humanos
  3. política electoralista
  4. política no electoralista de masas

Las tres primeras, subrayémoslo, son impracticables. El terrorismo porque, dada la absoluta superioridad tecnológica y militar de la oligarquía, sólo favorece al enemigo, el cual está deseando disponer de «terroristas», reales o presuntos o fabricados por la propia oligarquía, para utilizar esa baza. Quienes promuevan el terrorismo y cualquier forma de violencia dentro de nuestras filas han de ser considerados agentes provocadores o idiotas y expulsados del movimiento nacional-socialista. Por otro lado, el discurso humanitario y de «derechos humanos», como ya se ha explicado supra, debe ser sistemáticamente refutado y ridiculizado por su total inoperancia y por los efectos nocivos de la desnacionalización globalista que promueve cada vez que «condena» los crímenes sionistas. La tercera opción debe ser también rechazada porque la política electoralista e institucional representa el camino más rápido hacia la corrupción y el descrédito irreversible del movimiento de resistencia.

Sólo queda, por eliminación, una política de masas ordenada al derrocamiento de la oligarquía por la vía del poder constituyente y la subsiguiente aplicación despiadada, a la oligarquía financiera, los genocidas israelíes y sus cómplices, del derecho internacional vigente en un nuevo juicio de Nüremberg donde regirán los mismos métodos procesales que los aplicados a los «criminales» nazis.

En este sentido, conviene no olvidar que la acusación de complicidad o cooperación necesaria con el genocidio puede ser arrojada, política o incluso jurídicamente si los tribunales de La Haya se pronuncian finalmente sobre los hechos de Gaza, en la cara de todos los sionistas de la Diáspora y, por ende, de las instituciones y los políticos «demócratas» que les amparenEs contra dichos objetivos que debe orientarse la estrategia política nacional-socialista. 

Que este tipo de política desencadenaría, seguramente, no en Europa, pero sí en los EEUU, una guerra civil, es algo que no depende ni será imputable a los nacional-revolucionarios, sino a la propia oligarquía. Ahora bien, en una guerra, civil o no, las circunstancias —por lo tanto también los métodos— cambian de forma esencial abriendo nuevas posibilidades a los beligerantes que no podemos anticipar aquí. Sólo entonces, y en ese contexto, podremos hablar, como en la Segunda Guerra Mundial, de un pretendido o verdadero «holocausto». En todo caso —aviso para navegantes que deberá ser aplicado a rajatabla—, siempre habrá que distinguir entre meros «judíos» por nacimiento/etnia (sin ninguna relación con el judaísmo institucional, el genocidio palestino o la oligarquía financiera), activistas sionistas (judíos o cristianos o musulmanes) y judaísmo/sionismo en cuanto ideología.

Jaume Farrerons

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Por Saruman