¿Quién no conoce la película de “El Exorcista”?, por lo menos de oídas o vistazos a sus escenas. ¿Cuántos supieron de la existencia de Pazuzu y lo entendieron desde este filme? ¿hasta dónde tiene referencias válidas y cuáles son producto de la mera ficción? Entre gritos, objetos voladores, una cama danzante y una niña “diabólica”, se abrirá la puerta al encuentro con el llamado “rey de los demonios”, analizando lo que implica en realidad este ámbito y sus antecedentes en el mundo pagano, distinguiéndose del planteamiento más cristiano de la historia que provino de la novela homónima de William Peter Blatty.
¿Quién es Pazuzu?
Remontándose al primer milenio a.n.e., si bien se suele decir que su existencia puede estar desde mucho antes, se le conoce como gobernante de los lilû, que son un tipo de espíritus masculinos en acadio. Este término es relacionado con el de alû de mitad humano y mitad demonio, en este caso, del viento. Pazuzu es la antropomorfización del viento del suroeste de carácter pernicioso mesopotámico, responsable de la peste, el daño, las plagas, enfermedades infecciosas, del delirio y la fiebre. Las enfermedades se le atribuían a su soplido o aliento y se buscaba la expulsión de las mismas del cuerpo.
Su figura pertenece a la Mesopotamia antigua, pero sus referencias textuales y artísticas poseen una amplia distribución geográfica, apareciendo, por ejemplo, en sitios del Mediterráneo oriental y la isla de Samos. Puede encontrarse así en la mitología asiria, sumeria y acadia.
Por otro lado, se ocupaba para la protección del enfermo y expulsar a su consorte Lamaštu, siendo así también propicio para los humanos. Se veía comúnmente como objeto apotropaico, es decir, para atacar o defender al mismo tiempo. Era además de ayuda el invocarlo contra otros demonios.
Una de sus representaciones más famosas, que por cierto es la que se presenta en la película, data del primer siglo antes de nuestra era. Se encuentra exhibida en el departamento de antigüedades orientales del Museo de Louvre en París, donde puede verse una estatuilla de pie montada en una base con el brazo derecho levantado. Está hecha de bronce de entre 14.5 y 15 centímetros con una argolla en la parte superior que le permite la posibilidad de colgarse y emplearse con fines de protección. Su cuerpo es antropomorfo y se encuentra desnudo con 2 pares de alas y patas de ave rapaz, al igual que con una cola de escorpión, y, probablemente, con una cabeza de serpiente al final del falo.

Igualmente, tiene grabada una inscripción cuneiforme en su espalda en acadio-babilonio, cuya traducción aproximada puede leerse así:
Soy Pazuzu, hijo de Hanbi,
el rey de los demonios malignos de Lilu
(demonios del viento),
Yo mismo ascendí la poderosa montaña que temblaba
Y los vientos bajo los cuales
seguí su dirección hacia el oeste.
Uno por uno, los rompí
El año y su lugar de hallazgo preciso no se conoce, pero se sabe que fue encontrado en Irak, para ser llevado al Museo del Louvre en 1872. Así, podía ser un protector y no una entidad esencialmente “maligna”, al modo como actualmente se concibe dicho término desde un punto de vista abrahámico.
Ahora bien, en la cinta, Pazuzu se retrata como un demonio, y no cualquiera, ya que la primera película de la saga lo encarna como el propio “Satanás/el diablo”, y aún no revela su identificación con Pazuzu de manera directa. El nombre de Pazuzu no es mencionado, pero puede verse su imagen ocasionalmente.
Su apariencia se servirá primero de imágenes intermitentes de una especie de cara blanquizca, ojos enrojecidos y dientes amarillentos que provoca inicialmente una conducta desafiante en la niña Regan, con fiebre elevada, para progresivamente ir empeorando a base de gruñidos, poner los ojos en blanco, movimientos contorsionistas, fuerza desmedida, hablar otros idiomas o con las palabras al revés, azotarse compulsivamente y agredir a los demás física y verbalmente. A ello se suma un cambio de aspecto de ojos café a verdes, lengua como de reptil y piel pálida con llagas, junto con habilidades sobrenaturales como levitar o mover objetos, girar por completo la cabeza o disminuir la temperatura de un cuarto.
No está de más decir que esta representación no corresponde a la realidad y lo que se ve es logrado a base de efectos especiales que se inspiraron en la imaginación del novelista y el director de la película. Ello, sumado a sugerencias de un sacerdote católico al que se le preguntó sobre el modo en que realizan exorcismos y a su percepción del “diablo”. De ahí los rezos, el uso de agua bendita, señales de la cruz y que el padre Merrin afirme que no se le debe de prestar atención al demonio por ser mentiroso.
Las alusiones a Pazuzu se encuentran tras el título y los primeros créditos acompañados de inquietantes chirridos para entrar en escena en un lugar identificado de manera vaga como el norte de Irak, mostrando un lugar de excavación en antiguas ruinas, representado en una figura pequeña con su rostro y, minutos después, ya uno de cuerpo entero en una estatua, casi del tamaño de una persona. Lo mismo que en escenas finales, donde se ve junto al cuerpo de Regan mientras los sacerdotes realizan el “exorcismo”.
Consideraciones mitológicas e implicaciones médicas, psicológicas y psiquiátricas
Los demonios mesopotámicos llevan a un tiempo en que la enfermedad podía ser vista como un castigo, que muchas veces se atribuía a uno de estos espíritus por haber provocado su ira de alguna manera. Su amenaza solía contrarrestarse empleando desde amuletos y estatuillas, mayormente diseñadas para uso doméstico, hasta numerosos encantamientos rituales en acadio y sumerio, escritos sobre múltiples tablillas cuneiformes recopiladas en la Biblioteca de Ashurbanipal. La expulsión y curación de enfermedades eran realizadas buscando la inspiración de los dioses, especialmente de Enki/Ea, entre otros, pero, de igual modo, se recurría a ayudantes benevolentes que podían ser “monstruosos” para neutralizar a sus malévolas contrapartes.
Asimismo, el embarazo en Mesopotamia conllevaba gran peligro, donde la muerte de la madre o el niño durante la gestación, el parto e incluso en las primeras etapas de la infancia era usual. Lamashtu constituía el desafío principal, aunque había otros demonios amenazando a madres nuevas o aún embarazadas.
A este respecto, se debe enmarcar que, finalmente, se apuntaba a una representación de hechos naturales, a diferencia del cristianismo, donde el ataque es supernatural. Hoy en día, se deja como último recurso el pensar en un exorcismo, ya que existen enfermedades mentales que explican mucha de la sintomatología que las personas presentan ligada a lo que se entiende como una “posesión diabólica”. Aún más, la mera sugestión juega una importante influencia desencadenante que también debe ser tomada en cuenta, al igual que desbalances hormonales, daños neurológicos por químicos consumidos o del ambiente. Por tanto, es crucial descartar lo neurológico, médico, psiquiátrico y psicológico como causantes.
